«La noche del oráculo», de libros usados y cuadernos azules

Reseña de Héctor Cabaña Gajardo |

Lo que más extraño en esta cuarentena, es el olor de los libros usados. Para algunos, este encierro forzado les ha impedido realizar distintos tipos de placeres mundanos que considerábamos “normales”. En mi caso, es salir a caminar por el centro de Rancagua y entrar a las picadas de libros usados de Calle Estado (acá solo las encontramos en un lugar, en Santiago hay librerías de este tipo en varios puntos de la metrópolis, hay que saber buscarlas).

A veces voy sin dinero, simplemente para relajarme mirando los títulos que conozco o que nunca he leído. Es mejor que cualquier pastilla cuyo nombre termine en “Pam”. Repaso los autores, hojeo sus páginas y me impregno del olor a libro usado. Los propietarios ya me conocen, o se asustan al mirar que un tipo de estatura promedio, algo bien pasado en kilos y con cara de pocos amigos, entra en su negocio, no para preguntar si tienen alguna copia de la lectura obligatoria que piden en los colegios, sino que simplemente para revisar los anaqueles.

Dado que entiendo eso de entrar en una tienda solo para mirar y enamorarse de un artículo que no tienes previsto adquirir, sino que te lo compras por el placer de poseerlo y usarlo, es que enganché de inmediato con Sidney Orr, personaje principal de la novela “La noche del oráculo” de Paul Auster.

Su historia comienza un día cualquiera, cuando -luego de una grave enfermedad que lo tuvo recluido- sale a pasear por las calles de Brooklyn y se encuentra con una tienda nueva, que desconocía y que le maravilla, llamada El Palacio del Papel. En la que, por mero impulso, decide comprar un cuaderno portugués de tapa azul.

En mi caso, al llegar a casa no devoro el libro de inmediato. Muchas veces lo suelo esconder de mi esposa, avergonzado por el gasto innecesario y porque tengo una lista enorme de lecturas pendientes. Al contrario de Sidney Orr, quien al llegar a su hogar de inmediato corre a su oficina para escribir en su nuevo cuaderno, recuperando el impulso que estuvo reprimido mientras se recuperaba.

Así parte el relato de los hechos acontecidos a Orr, escritor ficticio y posible alter ego de Auster. Solo hacia el final de la novela, comprendemos las implicancias que tienen para su vida. Queda para la reflexión posterior, si se trata de hechos que cambiaron su vida o si solo fueron el presagio de lo que se le vendría.

Después de leer esta novela, quedé con ganas de ir a una librería de Estado a buscar si encontraba otro título de Paul Auster –o, al menos, a reencontrarme con el olor de los libros usados-, pero hay que esperar que termine la cuarentena. Así que simplemente tendré que ir a mi oficina a buscar entre los que he escondido de mi esposa, a ver si encuentro algo para leer, mientras esperamos que las estadísticas que entrega el ministerio de Salud mejoren. Quisiera ser oráculo para presagiar cuándo.