Hasta encontrar a La Maga

Esta semana murió Edith Aron. En la mente de muchos, tras una entrevista dada por ella hace unos 16 años, la mujer que inspiró el personaje literario de «La Maga» en Rayuela, de Julio Cortázar.

No sé ni quiero confirmar en mi cabeza ni en mi corazón que ella fue La Maga. Nunca lo he hecho. Al igual que millones, me enamoré, al tiempo que sufrí, con este personaje cumbre de Cortázar.

En mi opinión, de la misma forma que resulta casi imposible clasificar Rayuela, es difícil describir a La Maga.

Da pena. Y enamora. Enamora, y da pena. La Maga es pura pasión. Es descuidada, no se logra «encontrar» en las reuniones intelectuales de El club de la Serpiente -porque su cultura es menor al resto de los integrantes- es dispersa, pero a la vez es ingenua y tierna.

La Maga ha sido un personaje inspirador para millones. Y enamoró a hombres y mujeres. ¿Por qué? Es parte de la magia de este mundo cortazariano y contra-novélico que construyó en Rayuela este argentino nacido en Bruselas.

La novela muestra a su protagonista Horacio Oliveira vagando por las calles de París en busca de su amante. Él, un intelectual frío y racional, mantiene una relación con esta Maga pasional y que no es capaz de sustentar argumentos en su club que se reúnen a conversar de cosas profundas. Este estado de las cosas y el correr de las páginas podrían indicar la imposibilidad de La Maga por alcanzar a Horacio en su vida diaria. Sin embargo, con el correr de las hojas asistimos en verdad a la imposibilidad de Horacio por encontrar a La Maga -y no hablamos del hecho físico de encontrar-.

“¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua», dice Horacio en el capítulo 1 de esta Rayuela.

La Maga es una y todas las mujeres. En ella se consuma el llamado que Cortázar hace en Rayuela: que tú, el que lees, te conviertas también en protagonista. Invita a actuar. Rayuela se puede leer de distintas formas: clásica, prescindiendo de capítulos, con un tablero de dirección que el mismo escritor nos entrega. Pero hay que tomar una posición. Decidir. La Maga nos llama a una y a diversas decisiones: la curiosidad, la compasión, la pasión, enseñarle, enamorarse de ella…

Es todo como un juego de rayuela. Ese juego infantil en que buscas llegar a la cúspide -el cielo- una búsqueda que es permanente y que parece nunca acabar, como cuando anhelamos la verdad.

La Maga representa también esa búsqueda. La felicidad. La verdad. Por eso hay que seguir buscándola. Aunque no se encuentre. Hasta alcanzar el cielo de una rayuela.