La apertura también es literaria

Hoy “desconfinan” 7 comunas en Santiago y 2 en Valparaíso. Más allá de la particularidad del verbo, hoy vemos a las primeras librerías abrir tras meses de estar cerradas al público.

No hay dos miradas. Ha sido duro. El delivery de libros dio cierta salida al negocio, pero no lo suficiente. Además, es innegable que la posibilidad de envío de textos genera también una desigualdad obvia: las facilidades son mayores para las grandes cadenas y mucho menores para los pequeños libreros.

Pero abren las librerías. Y entran en rodaje al menos en las comunas donde se acaba con la cuarentena. Un desafío importante, al igual que otros rubros, será el de ofrecer seguridad al público lector. Si bien muchos de los usuarios de librerías son frecuentes y pueden conocer a los dueños hace tiempo, estableciendo lazos de cercanía y hasta de amistad, todos estos lugares tienen un segundo tipo de público que es flotante y que funcionará más sobre la base de la certeza sanitaria que del conocimiento de sus dueños.

Otro aspecto, mucho más duradero y de fondo, es el convencimiento de la importancia de la lectura. Son diversas las industrias que hoy entran a funcionar. Y la ansiedad de vender se enfrenta con la demanda de compra, que muchas veces apuntará a aquellos productos de primera necesidad, como es comer. La buena noticia es que esto es un falso dilema, porque la ciudadanía ha seguido comiendo y consumiendo los productos de primera necesidad durante el tiempo de pandemia. El desafío entonces es el de siempre: convencer al público de la importancia de la lectura y el contacto con los libros, desde la más temprana edad.

Una conclusión importante, sin embargo, es el aprendizaje que deben tener las librerías a partir de la crisis. El envío de textos a domicilio, la generación de contenidos atractivos a nivel digital, entender que la lectura on line ya tiene un espacio, el uso de las redes sociales como forma de promoción y contacto, llegaron y se quedaron. Son muestras claras de que la industria ha cambiado.

Lo anterior no suplanta el contacto físico del libro. Eso no morirá nunca, mientras existan quienes amamos el roce de las páginas o el sentarse a leer con un volumen en nuestras manos al lado de una ventana o bajo la luz de una lámpara. Pero hoy el complemento de lo digital avanza sin freno. Y entender y entenderse será la mejor forma de convivencia para esta industria, tan impactada por esta crisis, pero que entre todos buscaremos sacar adelante.