Memorial de una tierra sin paz

Foto de José Fuentes

Por enésima vez, La Araucanía arde. Y por enésima vez, da la oportunidad de escarbar entre las páginas, no solamente de los libros de historia, sino de aquella literatura que ha explicado desde la ficción y la novela, un conflicto que parece no tener final.

El listado es amplio. Aquí nos detenemos en un libro de Patricio Manns que me parece fundamental. He hecho este ejercicio para otros sitios, lo reconozco. Pero es que las “Actas del Alto Bío Bío”, reescrito como “Memorial de la Noche”, me sigue cautivando como una opción para entrar en lo que ocurre en el Wallmapu.

Se trata del discurso alternativo a la verdad oficial, aquella que construyen siempre los vencedores. Eso es, en esencia, este texto que cuesta encontrar hoy por hoy en librerías.

Manns actúa como periodista en medio de la zona mapuche y llega hasta la pareja que actúa como narradora a lo largo del texto, el viejo Angol Mamalcahuello y su compañera Ánima Luz Boroa. De estos longevos representantes de un pueblo que, según reconoce el anciano mapuche, “nos fuimos quedando dormidos. Dormidos hasta hoy, señor”.

Es a través de esta pareja que comienza el relato que cuenta la historia de José Segundo Leiva Tapia, joven comunista, winka, que en determinado momento decide elegir raza, y concurre al Alto Bío Bío y hace suya la causa mapuche, casándose con Deyanira Aillapén, y cuyo ejercicio máximo de sincretismo lo constituye el hijo de ambos, Lautaro. Esta mixtura es lo que se refleja a lo largo de las páginas del texto, de dos culturas que en el sur de Chile conviven, entre la paz y la guerra, entre el entendimiento y la incomprensión, entre el diálogo y el combate.

Pero como muchas veces ocurre en la historia de Chile, sobre todo en aquellos años en los cuales los textos de historia nos enseñan que nuestro país fue una taza de leche y no un hervidero social, la historia terminará en una masacre. Como La Coruña o Marusia, la ficción de Manns se mezcla con la historia real de la matanza de Ránquil, a mediados de 1934.

De aquellas matanzas en las cuales los testigos de la historia ven pasar cadáveres flotando en el río.

“-…No es bueno olvidar, señor. Hay que aprender a recordar. Olvidar es un pésimo asunto. La sabiduría está hecha de entendimiento y memoria. Yo la cuido y la riego como un árbol, afirma, el forestal Angol Mamalcahuello. De lo contrario, José Segundo habría verdaderamente muerto.

– ¿Tú crees que no ha muerto?

– Depende. Él no ha muerto porque nosotros lo recordamos. Mientras lo recordemos estará vivo.”

De este diálogo entre el narrador Manns y el viejo Angol Mamalcahuello se desprende una de las principales conclusiones del libro: que “la sobrevivencia es un problema de memoria”, según sus propias palabras.

“Memorial de la Noche” es una novela de la tierra, del amor y de agitación social. Un grito de añoranza, un recordatorio de las páginas que no hay que olvidar. Para no persistir en el error. Para no persistir en la impunidad.

Una mirada a aquella tierra que, después de cientos de años, continúa sin encontrar la paz.