Federico García Lorca: un asesinado que sigue vivo

Hoy es, en toda habla hispana, Federico García Lorca.

Porque a sus 38 años, un día como hoy, pero de 1936, muere asesinado, supuestamente fusilado, en algún paraje de Granada, en una fosa común que aún no ha sido encontrada, el poeta, dramaturgo y artista español por excelencia, Federico García Lorca.

No repetiremos su biografía. Está en wikipedia y en millones de páginas. Pero sobre su muerte… aquí recordamos un fragmento de «El crimen fue en Granada», del español Antonio Machado.

El poeta y la muerte:
Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque, yunque y yunque de las fraguas—.
Hablaba Federico,
requebrando a la Muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el eco de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

García Lorca es uno de los poetas y dramaturgos más populares de la historia de habla hispana. Su figura trasciende la literatura, llegando al cine, la televisión, la ópera. A 84 años de su asesinato por parte de miembros del bando franquista al comienzo de la Guerra Civil española, el homenaje y recuerdo sobre su figura permanece y se agranda.

La luna, la sangre, el agua, son algunos de los tópicos de García Lorca recurrentemente aplicaba en su poesía. La intolerancia, la represión, la tragedia rural son parte de su obra teatral.

Un fragmento del poema de García Lorca que cumple 101 años…»Si mis manos pudieran deshojar»

«Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.»

La poesía y el teatro de García Lorca no abandona. Hombre nacido en pueblo rural, pero que conquistó Madrid. Que amaba la tierra, pero que viajó por diversos lugares, aprendiendo, disfrutando y amando. Que le cantaba a la campesina y al mundo gitano, pero que fue pintado por Dalí y aprendió de Manuel de Falla.

El poeta Vicente Aleixandre escribió: «los que le amamos y convivimos con él le vimos siempre el mismo, único y, sin embargo, cambiante, variable como la misma naturaleza. Por la mañana se reía tan alegre, tan clara, tan multiplicadamente como el agua del campo, de la que parecía siempre que venía de lavarse la cara. Durante el día evocaba campos frescos, laderas verdes, llanuras, rumor de olivos grises sobre la tierra ocre; en una sucesión de paisajes españoles que dependían de la hora, de su estado de ánimo, de la luz que despidieran sus ojos; quizás también de la persona que tenía enfrente. Yo lo he visto en las noches más altas, de pronto, asomado a unas barandas misteriosas, cuando la luna correspondía con él y le plateaba su rostro; y he sentido que sus brazos se apoyaban en el aire, pero que sus pies se hundían en el tiempo, en los siglos, en la raíz remotísima de la tierra hispánica, hasta no sé dónde, en busca de esa sabiduría profunda que llameaba en sus ojos, que quemaba en sus labios, que encandecía su ceño de inspirado.»

Nos despedimos con «El poeta pide a su amor que le escriba», poema que sería recopilado y publicado posteriormente, en la colección «Sonetos del amor oscuro».

«Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura».

A Federico García Lorca, un asesinado que sigue vivo.