«Hija natural» de Natalia Berbelagua

Reseña de Martín Parra Olave | Magíster en Literatura |

Intentando reconstruir las partes rotas de su vida, luchando por dar un paso más allá y dejar atrás todos los tormentos y dificultades con las que tuvo que crecer, la narradora inicia un proceso de búsqueda del padre que jamás ha asumido su paternidad. La figura de la hija se presenta como un personaje frágil e inseguro, pero no únicamente por la ausencia del padre, sino que además la propia madre es un ser bastante complejo en sí mismo, que acarrea toda una serie de traumas desde su vida familiar anterior a la maternidad.

La novela comienza con una frase que perfectamente podría ser la brújula de toda la narración: «Los nombres vienen con una carga  antes del parto. Mi nombre quiere decir “nacimiento”. Aunque pienso que podría significar una palabra más allegada al pesimismo». En este sentido, la novela continuamente explora el pasado familiar, esa carga con la que se nace, para encontrar explicaciones a un presente muy confuso y hasta falto de significado. La infancia está constantemente opacada por una oscura nube negra, asociada a una serie de exigencias que se le imponen a la narradora como hermana mayor, incluyendo resguardar el equilibrio mental de las más pequeñas. «Supuestamente la infancia debía ser un espacio donde una hija tiene cierta protección y esta resguarda incluso de las preocupaciones y relatos familiares. Pero a mí nunca se me negó la participación», siendo esta una etapa determinante en el desarrollo de su vida posterior.

La narración gana en intensidad a medida que nos vamos acercando a conocer al padre. Sin embargo, lo que nos cuenta la narradora es bastante más amplio pues dentro de la historia nos enteramos de la relevancia de su abuelo, alguna de sus primeras amigas, el colegio religioso, el primer gran amor, muy tormentoso por lo demás, y la familia de un novio que le enseña que existen otras posibilidades de relacionarse, no basadas en la enfermedad y el odio. Una completo abanico de otras vidas que tangencialmente han ido formando la de la propia narradora.

 La primera novela de Natalia Berbelagua (Santiago, 1985) nos sumerge en los profundos y tormentosos caminos para encontrar la propia identidad. Hablar del padre y de la madre encierra una complejidad mayor, pues desenmascarar esas figuras tan idealizadas es un riesgo, ya que los caminos que se recorren pueden revelar seres humanos demasiado miserables, egoístas, llenos de odios y desbordantes de traumas. A pesar de que al iniciar la lectura de «Hija natural» uno podría estar tentado en pensar que lo que viene  es otra historia burguesita, la autora sortea con éxito las trampas de los lugares comunes que son propios en este tipo de historias, y nos regala una novela envolvente y estremecedora en ciertos pasajes.

«Hija natural», Editorial Emecé, publicado en 2019, 138 páginas.