La sonrisa de la Malala

Foto es de su hermano Jorge Ansieta.

La Malala se murió. El luto envuelve a la industria literaria. Y no es un decir. Casi todos los que en algún momento hemos pasado por la industria del libro, sea como lectores, periodistas, autores, o amantes de la literatura, la conocimos.

María Elena Ansieta partió esta semana. Y la lloramos de capitán a paje. Estaba feliz de haber vuelto a su casa, Planeta -donde fue parte del equipo del histórico Bartolo Ortiz-, después de haber pasado por grandes editoriales como Ediciones B, Penguin Random House y haber partido en Altamira, siendo una de las personas que armó dicha librería en el Drugstore.

Conocida por todo el mundo editorial por su familia y amigos cómo Malala, mamá de Domingo, hermana de Jorge, querida y admirada por muchos. De abrazo apretado y gran sonrisa, llena de energía, era de las que dejan huellas sin cesar

.Nunca dejó de mantener esa estrecha relación que la caracterizaba con escritores que la han llorado por redes sociales en estos días. Uno de sus grandes amigos ya se había ido, Pedro Lemebel, quien la inmortalizó en «Un poquito de pintura para Bosé», crónica de su libro «Adios mariquita linda»:

«Se te pasó la mano con la pintura, niña, dijo la Malala a mi lado, mientras el auto subía por la asoleada costanera. Yo, mirando el paisaje con desgano, hice como que no escuchaba. ¿No dijiste que no te gustaba Miguel Bosé?, y te pusiste un maquillaje cabaretero de medianoche, insistió ella con su boquita de cerezo corazón».

Por más de 30 años la Malala inspiró esta industria. En 2012 fue galardonada por la cámara Chilena del Libro con el premio Ceferino Testón por su destacada trayectoria.

«No es de extrañar que fuera trending topic en twitter el sábado pasado cuándo se enteraron de su partida tan abrupta, y miles de escritores, periodistas, libreros hayan recordado historias, anécdotas, su generosidad, su genialidad; y que el mundo de las letras hayan llorado su partida en las redes sociales. De Malala y sus historias se podría escribir un libro pero serían en dos tomos y con 600 páginas cada uno», dice Judy Meneses, de Big Sur Chile.

Anita Oryan, productora de la Cámara Chilena del Libro por años, recuerda: «yo estaba recién entrada a la Cámara, por el año 97 y no había celulares, así que me pusieron un beeper para ir a montaje y recibir igual los recados. Nunca olvidaré que el primero que me llega dice así: ´llamar urgente a Maleta de Plalala´». Anita no tardaría en enterarse de la existencia de Malala, de Planeta.

La Malala fue parte del paisaje de las grandes ferias, de las editoriales, de los conversatorios. Fue un vínculo entre quienes leen, quienes editan, quienes venden y quienes escriben. Y ahora partió, dejándonos sin su mirada, sin sus lentes, sin su sonrisa. La sonrisa de la Malala, que adornaba las distribuidoras, librerías y las ferias del libro.