El enigma de la habitación 622: un rompecabezas de Joël Dicker

Joël Dicker se ha transformado en un super ventas mundial. A sus 35 años, el suizo exponente de la nueva novela negra del norte de Europa, ya ostenta premios que cualquier literato se quisiera. Y más allá de su galardones, su escritura supera con creces el concepto de la simpleza.

Dicker construye telarañas complejas que finalmente se desenredan con facilidad. No es cliché. A ratos uno se para en medio de la lectura a pensar: «ok, y ahora ¿cómo va a cerrar esto?».

Con «El enigma de la habitación 622», de Alfaguara, ocurre ese proceso constante de desenredar un enigma en sus más de 600 páginas. Y todo, obviamente, por un crimen. Un crimen cuya víctima no reconoceremos de inmediato, lo que de por sí resulta atractivo y parte de la intriga. El asesinato ocurre en la habitación 622 del Palace de Verbier, un hotel de lujo en los Alpes suizos.

El asesinato queda sin resolver por parte de la policía y progresivamente irá quedando en el olvido. Hasta años después, cuando el mismo Dicker, el Dicker-protagonista de su propia novela, llega al hotel por otras razones y termina en compañía de una ayudante circunstancial investigando lo ocurrido.

La construcción del relato es de una precisión que vale recalcar. La complejidad de ciertos personajes, también. A lo que más se asemejan ciertos libros de Dicker es a un rompecabezas cuyas piezas se van juntando a lo largo del texto y cuya unión final resulta la promesa y el principal aliciente para continuar en la lectura.

El enigma de la habitación 622 es, también, la respuesta del autor a una pregunta muy concreta: «¿Qué somos capaces de hacer para defender a las personas a las que queremos? Ese es el rasero por el que medimos el sentido de nuestra propia vida». Encontrará el ejercicio retórico de este párrafo en alguna página del texto. Destaca también muy gratamente el homenaje constante y explícito que realiza Dicker -está escrito antes del inicio de la narración, pero también en el texto mismo- a su editor Bernard de Fallois.

Pero lo que más destaca es la complicidad a la que invita el autor. El enigma de la habitación 622 es el llamado implícito de un escritor a sentirse partícipe de una determinada investigación, a desenredar la telaraña que envuelve el texto, y por supuesto, a leer una muy buena novela suiza, un verdadero rompecabezas elaborado minuciosamente por Joël Dicker.