Neruda ahora. Y siempre

Foto: Fundación Pablo Neruda

No podemos hacernos los ciegos y sordos y ocultar que existe una discusión pendiente por el hombre conocido como Pablo Neruda. La disputa apunta a si conmemorarlo o no, poner su nombre en un aeropuerto, celebrar su memoria.

Claro que esta es una discusión que excede a la figura de Neruda, que se extiende en todo el mundo, y que, en resumen, apunta a poner en duda si un artista, líder, o si lo prefiere para simplificar, un sujeto que hoy tiene estatua, merece seguir conservando dicho estatus o si debemos revisar el mismo.

Recordemos que esta polémica llegó también a las obras de arte. La película “Lo que el viento se llevó” fue el caso más conocido, donde se analizó y criticó su forma de mostrar la esclavitud en el sur de Estados Unidos, llevando incluso a HBO Max a sacarla temporalmente de su catálogo de streaming.

Pero en Chile el caso más simbólico es Neruda. Más aún cuando a propósito de los 47 años de su muerte este 23 de septiembre, conocemos de la existencia de un soneto inédito del poeta parralino: «Sangre de Toro» (1965), mecanografiado y firmado por él, encontrado en  julio pasado en el departamento de una amiga suya, según informó la Universidad de Chile.

Se trata de la versión preliminar del publicado en el libro «Comiendo en Hungría» (1969), realizado a dos manos junto al guatemalteco -y también Nobel de literatura-, Miguel Ángel Asturias, en un viaje que hicieran por Budapest.

«Robusto vino, tu familia / no llevaba diademas ni diamantes / sangre y sudor pusieron en su frente / una rosa de púrpura fragante», es el primer párrafo de cuatro que lo componen.

Pero insistimos, Neruda también ha sido cuestionado.

Por haber sido un mal padre con su hija Malva Marina, quien nació con hidrocefalia y supuestamente avergonzarse de ella y abandonarla;

“…las raíces de un árbol sujetan una mano de niña,

más grande que una mano del cielo,

y todo el año trabajan, cada día de luna

sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna,

y hay un planeta de terribles dientes

envenenando el agua en que caen los niños,

cuando es de noche, y no hay sino la muerte,

solamente la muerte, y nada más que el llanto”

Por sus gustos caros y su hedonismo, cuestión que no correspondería a un comunista y hombre de izquierda.

“Bandidos con aviones y con moros,

bandidos con sortijas y duquesas,

bandidos con frailes negros bendiciendo

venían por el cielo a matar niños,

y por las calles la sangre de los niños

corría simplemente, como sangre de niños.

Generales

traidores:

mirad mi casa muerta,

mirad España rota:

pero de cada casa muerta sale metal ardiendo

en vez de flores,

pero de cada hueco de España

sale España”

Por la supuesta violación que habría cometido contra una sirviente cuando era diplomático en Ceilán, según su propio relato literario, en el libro «Confieso que he vivido».

«Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama.

El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia», dice el texto.

Hablemos de poesía

Todo lo anterior es fuente de discusión. Hay críticos y defensores del vate. Hay dudas si apoyó o no a Malva Marina, y si el suceso detallado en su libro de prosa es ficción literaria o un hecho ocurrido y explicitado por el vate.

Pero lo que sería aún más interesante sería si los críticos y defensores que abogan a favor o en contra del personaje, se refirieran al menos de vez en cuando a la obra de Neruda. Que discutieran con igual intensidad y conocimiento que parecen ostentar sobre sus acciones, respecto de sus versos. Y ojalá más allá de los poemas 15 y 20, de los párrafos citados del Confieso que he Vivido, o de la canción que hicieron Los Jaivas con Alturas de Machu Pichu.

“Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte

la leche de los senos como de un manantial,

por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte

en la risa de oro y la voz de cristal”

Un gran lector de Neruda me comentaba que él también pasó por un período “rebelde”, en que pensó que Neruda era obvio, meloso y algunos comentarios más. “Lo he asumido después como una especie de rebeldía contra el padre, hacia un hombre que está demasiado enraizado en el alma nacional”, me comentó, para agregar rápidamente “pero se me pasó pronto”.

Hoy se cumplen 47 años de la partida de Pablo Neruda. Nuestro segundo premio nobel. Y su poesía perdura. ¿Es factible separar su figura, es decir, la estatua, de sus versos, es decir, la carne?

Neruda está muerto. Pero su poesía no. Aunque nuestro Aeropuerto no lleve su nombre. Aunque no hallamos zanjado nuestra interpretación sobre su figura y su accionar en política, en sociedad o en su vida privada. Aunque sigamos huérfanos de su obra.

Pero continúa. Ahora y siempre.

“Ella -la que me amaba- se murió en primavera…

y se llevó la primavera al cielo”