La quema de libros de la Fech, y una carta solidaria

Foto: Memoria Chilena

A propósito del libro de Richard Ovenden sobre la quema de libros en la historia, y más allá del horror de la efectuada en las Torres de San Borja después del Golpe de Estado de 1973, si nos remontamos en el tiempo, 100 años para ser exactos, nos encontraremos que Chile ya había sido testigo de este vandalismo literario.

Corría 1920, y el Presidente Juan Luis Sanfuentes quería desviar la atención tras la estrecha victoria que había obtenido Arturo Alessandri contra Barros Borgoño para sucederlo. El mandatario saliente no tuvo mejor idea que crear la «Guerra de don Ladislao», supuesto acercamiento de fuerzas militares peruanas y bolivianas, que se tradujo en una movilización «patriótica» en respuesta para enfrentarla. El cuestionamiento corrió por cuenta de la FECH, que acusó al Gobierno de mentir.

Los días 19 y 21 de julio, turbas conservadoras y nacionalistas asaltaron la sede de la Federación, destruyendo sus instalaciones. Y quemando libros. De acuerdo al estudiante y futuro Premio Nacional de Literatura, José Santos Gónzalez Vera, “la banda destrozó muebles, tajeó el cuero de los sillones, arrojó a la calle los libros y los quemó”. Al igual que ocurriría 53 años después, los saqueadores y destructores no tuvieron problemas en posar para los medios, en este caso para Las informaciones gráficas de Zig-Zag, aunque no fue el único medio que aplaudió la barbarie.

Lo ocurrido trascendió. La Guerra de don Ladislao fue desacreditada y Alessandri logró confirmar el triunfo obtenido.

Desde España, una carta de solidaridad llegaría con el objetivo de solidarizar con los estudiantes de Chile. “He leído la lista de personas que tomaron parte en el asalto y saqueo (…) Y veo que los más de esos asaltantes eran ¡estudiantes! ¡No estudiosos, claro! Estudiantes de patriotería. Conozco a esos tristes estudiantes, cachorros de la oligarquía plutocrática y accionista del patriotismo. Su odio es la inteligencia. Por encima del océano, tumba de tantas esperanzas y cuna de muchas más, les tiende una mano trémula y cálida. Miguel de Unamuno”

Claro que ningún medio de la época la publicó