La robótica compañía del futuro: los kentukis

Reseña de Martín Parra Olave | Magíster en Literatura |

La narradora Samanta Schwemblin (Buenos Aires,1978) es una «manipuladora del leguaje» y en su último trabajo ha realizado un portentoso ejercicio de creatividad para dar vida a los kentukis, una suerte de muñecos mecánicos manejados a distancia a través de una conexión de internet. Los kentukis vienen a llenar espacios en la vida de las personas y lo hacen en dos direcciones: por un lado son la compañía de quienes tienen físicamente a los muñecos y, por otro, entregan una ocupación a quienes los manejan, que son los operadores que pueden encontrarse al otro lado del planeta.

Breves historias intercaladas con personas de todas las edades y estratos sociales. «La gente pagaba para que la siguieran como un perro el día entero, querían a alguien real mendigando sus miradas»(108). Cuando el aislamiento social y las nuevas formas de vida y trabajo, que ha implementado el capitalismo, hacen cada vez más difícil la vida en comunidad, pareciera ser que los kentukis pueden llenar ese espacio.  Los controladores de los muñecos son seres anónimos en las vidas de los dueños de estas pequeñas máquinas, quienes se transforman en unas entidades que conocen casi todo de aquellos que están físicamente junto a estas invenciones: saben lo que hacen, como viven, sus alegrías y sus tristezas, pero no se pueden comunicar con ellos pues no hablan, apenas emiten unos sonidos parecidos a chillidos.

Relaciones poco convencionales que se van transformando en una suerte de dependencia algo enferma, lo que al comienzo parecía un alivio, con el transcurrir del tiempo muta en problema. Los controladores se inmiscuyen tanto en la vida de sus «amos», que terminan padeciendo sus problemas. Un joven, Grigor, que para superar las dificultades económicas que tiene vende «conexiones probadas», es decir ya habilitadas y con datos concretos: ciudad, ámbito social, edad de los amos y actividad económica.  El atractivo de la incertidumbre se transforma en una especie de «paquete seguro», donde el comprador podrá escoger la opción que más atractiva le parezca.

Exposición de la intimidad a desconocidos a través de los kentukis es una forma de contemporánea de vivir, que podría ser el paso siguiente de las redes sociales, ese espacio tan público y manoseado a la vez. Sin embargo, no todo es negativo, pues en una de las situaciones más complejas que se presentan en la novela, se logra salvar una chica venezolana de un secuestro en Brasil.

El uso de la tecnología en  la vida de los seres humanos no es el problema, sino sus usos y los limites que debemos imponerle a ella. El problema no es la conexión con desconocidos, sino hasta dónde permitimos el ingreso de ellos en nuestras vidas. Samanta Schweblin  nos entrega en su último trabajo una aproximación al futuro, un devenir algo inhóspito y vacío, donde la vida en comunidad pareciera estar cada vez más restringida, y donde las formas de comunicación estarían mediatizadas por máquinas controladas por desconocidos, cuyo conocimiento de la vida privada es una peligrosa situación sobre la cual debemos reflexionar permanentemente. 

«Kentukis». Editorial Penguin Ramdon house, publicado en Barcelona en 2018, 221 páginas.