Mónica Ojeda y los impulsos primarios de «Las voladoras»

Reseña de Martín Parra Olave | Magíster en Literatura |

La escritora Mónica Ojeda (Guayaquil, 1988), es una de las tres o cuatro narradoras ecuatorianas destacadas de su generación a nivel internacional. Con tres novelas anteriores y dos libros de poesía, se ha transformado en un verdadero referente de la literatura latinoamericana actual. Su trabajo narrativo podría considerarse una verdadera exploración a las emociones y sentimientos extremos como el miedo, el dolor y hasta cierto punto, lo perverso.

En «Nefando» (Candaya, 2016), un extraño y diabólico juego on line se toma la vida de algunos estudiantes universitarios en Barcelona. A partir de esto construye una verdadera trama que nos enfrenta al horrendo abuso infantil y a como se despliegan posteriormente las consecuencias de este tipo de situaciones. Por otro lado, en «Mandíbula» (Candaya, 2018) la autora guayaquilense centra su novela en la vida de unas adolescentes acomodadas, donde las relaciones familiares, la sexualidad y la violencia generan un cuadro aterrador.

Su último trabajo narrativo es el libro de cuentos «Las voladoras», donde la gran mayoría de sus personajes son mujeres que viven o están relacionadas de algún modo con la vida rural o campesina. El término voladoras equivale a decir las brujas o las umas, es decir, aquellas mujeres que tendrían la capacidad de separar la cabeza de su cuerpo para salir por las noches volando y hacer algún tipo de brujería.

El cuento que abre el conjunto de relatos es el que da el nombre al libro, y que cuenta como estas voladoras son las responsables de los males y las desgracias que afectan a una familia. Narración que apunta a develar como lo femenino asume una carga negativa de los hechos tristes y desastrosos que pueden afligir a un grupo de personas.

En otro de los cuentos, «Cabeza voladora», también aparecen estas brujas, pero esta vez en medio de un horrible femicidio. Esta situación que es utilizada por la autora, para develar ese mundo femenino tan sometido y expuesto a las brutalidades masculinas, violencias que una vez más se encuentran ejecutadas al interior del hogar por la figura paterna.

En «Soroche», a través de distintas voces, mujeres cuentan en primera persona parte de su vida y la relación de amistad con otras. En este sentido, la narración va develando, con cierta crueldad y de manera bastante cruda, la situación denigrante y dolorosa a la que es expuesta una de ellas por la publicación de un video íntimo, que lleva a su narradora a lamentarse de su fealdad, de su gordura, de su condición de mujer que no cumple con ciertos estándares de belleza: «En lo horrible que es ser tan espantosa y sin embargo estar tan viva y existir en medio de la belleza más absoluta, por siempre y para siempre esperando a que alguien desee lo indeseable, por siempre y para siempre esperando que alguien quiera mi cuerpo y con su amor lo haga bello». Situación limite, que es desencadenada por el ex esposo que, miserablemente, la expone a través de la difusión de la grabación.

En definitiva, el último trabajo de Mónica Ojeda, se encarga de llevarnos hacia la incomodidad, hacia aquellos caminos donde lo peor de los seres humanos asoma en los momentos menos esperados, y donde la costumbre de violentar a las mujeres es una triste realidad. Entonces, la reflexión que nos invita a hacer la narradora surge de la voz de uno de sus mismos personajes: «Quiero conocerme mejor que nadie: saber de donde proceden mis impulsos primarios, qué parte de mi actúa antes que mi voluntad», es decir, descubrirse a través de ese segundo iluminador que permitiría hacer un cambio en nuestras vidas.

«Las voladoras», Editorial Páginas de Espuma, edición digital publicada en 2020.

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