Mujeres que dejan de esperar

Mujeres de carne y hueso mezcladas con mujeres de ficción. Pero en una muy buena mezcla.

Carla Guelfenbein logra en esta novela, -que más parece una seguidilla de cuentos que se van entrelazando a lo largo del texto-, sorprender, apenar, explorar y también descubrir. Mujeres con sospechas, mujeres que buscan, mujeres que recuerdan, son personajes que pasan de página en página por «La estación de las mujeres».

También están, por supuesto, las mujeres que desaparecen. Es la misma autora la que estimula el tema, con el librito azul que lee Anne, uno de sus personajes, que se llama «Cómo desaparecer en América sin dejar rastro». Y es en la frase ¿Acaso las personas desparecen para que alguien las vea?, donde la misma narradora explora una de las líneas argumentales de este libro.

Lo femenino está presente a lo largo y ancho del texto y la pregunta que nos vamos respondiendo es la relación que puede reunir en un escrito a una mujer que en su cumpleaños sospecha de la infidelidad de su pareja, una madre que busca entender la desaparición de su hija, una mujer que busca saber quién fue otra mujer que cambió su vida hace años, con la noche desenfrenada que vive una joven Doris Dana.

Lo que parece unir a personajes de distintos recursos, edades, intereses, es la espera. Por eso tan fundamental la frase del mismo libro: «Pienso en todas las mujeres que aguardan quietas en la penumbra. Esperar es una forma de desaparecer». En esta novela, todas las mujeres dejan de esperar. Escapan, se mueven y buscan. Buscan encontrar. Una razón, a una persona, una respuesta, pero sobre todo, a sí mismas, más allá de la estación en que se encuentran en su vida.