1945: Gabriela Mistral recibe el Nobel

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«Hoy Suecia se vuelve hacia la lejana América íbera para honrarla en uno de los muchos trabajos de su cultura. El espíritu universalista de Alfredo Nobel estaría contento de incluir en el radio de su obra protectora de la vida cultural al hemisferio sur del Continente Americano tan poco y tan mal conocido». Eso decía Gabriela Mistral un día como hoy, 10 de diciembre, pero de 1945, al recibir el Premio Nobel de Literatura de la academia sueca.

En su obra ya contaba con los «Sonetos de la muerte», «Desolación», «Ternura», «Canciones de niños: rondas, canciones de la tierra, estaciones, religiosas, otras canciones de cuna» y «Tala», entre otras obras.

Ya había sido profesora ayudante y obtenido el título de profesora de Estado, convalidando experiencias y conocimientos en la Escuela Normal número 1 de Santiago, sin pasar por el Pedagógico -lo cual le granjeó más de un disgusto de parte de quienes serían sus colegas-; había laborado como docente por diversas ciudades y pueblos de la extensa geografía chilena, como Traiguén, Antofagasta, Punta Arenas y Temuco; había publicado en Nueva York (Desolación), Madrid (Ternura) y Buenos Aires (Tala); y dos años antes había sufrido la irreparable pérdida de su sobrino Juan Miguel Godoy, más conocido como Yin Yin, quien se había suicidado ingiriendo arsénico.

Como ella misma continuara en su discurso, se consideraba una «Hija de la Democracia chilena» e «Hija de un pueblo nuevo». Una democracia y un pueblo que no le otorgaría el Premio Nacional de Literatura hasta 6 años después, en 1951, siendo la primera de las 5 mujeres que lo han ganado en Chile hasta el día de hoy.

Lucila Godoy Alcayaga -Gabriela, por Gabriele D´Annunzio, y Mistral, por Frédéric Mistral-, reconocía su domicilio latinoamericano ante el país del norte de Europa. «Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza y la indirecta de las muy nobles lenguas española y portuguesa. Ambas se alegran de haber sido invitadas al convivio de la vida nórdica, toda ella asistida por su folklore y su poesía milenarias»

Aquellas serían parte de las palabras con las cuales nuestra poetisa enfrentó la ceremonia en la cual el mundo literario se rendía a sus pies, años antes que su propio país. Con el dinero del premio compraría una casa en Santa Bárbara, Estados Unidos, y continuaría con su obra.

El resto también es conocido, y de no serlo, es tiempo de escarbar en los libros de historia, la pantalla del computador, y los medios de comunicación. Hoy Gabriela está en el billete de 5 mil pesos y, nuevamente, en la denominación del centro cultural que se encuentra en plena Alameda Bernardo O´Higgins 227; es decir, en el bolsillo de los chilenos y a la vista de todos los que pasan en micro por la principal calle de nuestra capital.

Pero nada reemplaza a su escritura. Es Gabriela un tesoro literario, un recuerdo de nuestra mezquindad, un tratado permanente de Educación, un dibujo de la América Latina. En fin, una mujer avanzada para su época, maestra rural, poetisa sin fin, quien nos recuerda siempre, día a día, que «es una cosa delicada el amor».