Tres versos para una matanza

Esta semana, más exactamente el 21 de diciembre, se cumplió un año más de la matanza de la Escuela Santa María de Iquique (1907). Diversas fuentes indican el asesinato de más de 2 mil chilenos y chilenas (también bolivianos, argentinos y peruanos), obreros del salitre y sus familias, a manos del Ejército.

Tras la matanza, dirigida por el general Roberto Silva Renard, la huelga y su fatídico resultado fueron una muestra más de aquellas luchas obreras de la historia de Chile que terminaron con sangre y fuego sobre los trabajadores y trabajadoras.

El grupo Quilapayún inmortalizó a los asesinados con una cantata compuesta por Luis Advis y diversos escritores han contribuido relatando la epopeya de los obreros del salitre.

En el video que pueden observar hay un puñado de ellas. «Hijo del salitre», de Volodia Teitelboim, escrita hace casi 70 años y que muestra, entre una serie de acontecimientos históricos y el relato con la vida del líder sindical Elías Lafertte, una mirada de la masacre; A casi 100 años del episodio, Hernán Rivera Letelier desplegó toda su pluma para reescribir los acontecimientos en «Santa María de las flores negras» (2002); y finalmente, Carlos Tromben ficcionó, exactamente a un siglo, la matanza con «Santa María de Iquique. La muerte de la república».

Tres versos para una historia, tres fotografías de una masacre violenta, tres registros novelados de la epopeya de los trabajadores de una industria que ya no está, pero cuyos sufrimientos y sacrificios -en plural, porque la matanza de la Santa María fue solo uno de dichos episodios- perduran en nuestro triste recuerdo como una mancha imposible de borrar en nuestra historia.