A la Otra Orilla, de Víctor Ilich y Luis Cruz-Villalobos

Un juez asiste a la consulta de su psicoanalista y le comenta de sus dudas, sus miedos y sus reflexiones trascendentales. El facultativo le responde desde su diván, analizando su discurso y desentrañando sus pensamientos. Es un diálogo reflexivo, en el que cada personaje está ubicado desde una orilla distinta del río de la vida.

Esta escena, que parece el punto de partida de una novela existencialista de Sartre o Camus, es el pie forzado con que se inicia el poemario “A la Otra Orilla”, escrito a dos voces por Víctor Ilich y Luis Cruz-Villalobos. Singular ejercicio estilístico en el que los dos poetas escriben sus versos a modo de conversación lírica, cuya temática gira en torno a las dudas y cuestionamientos de Ilich, y las respuestas y consejos de su poeta-terapeuta, quien la ayudará a “descubrir la nimiedad consistente de nuestras existencias marginales”.

No se crea que se trata de un texto denso, enmarañado y demasiado reflexivo, sin que es todo lo contrario. En este poemario abunda el humor, la ironía y la desacralización de la retórica. Es un texto de lectura sencilla, “pero que expresa lo profundo de la naturaleza humana y su religación con Dios”, como se señala en el prólogo escrito por Alfredo Pérez Alencart.

“Qué mayor defecto que el de la perfección supuesta/ Qué mayor defecto que el de la norma acatada por vana ilusión de bondad que en el fondo es torcida flama/Qué mayor defecto que el cálculo matemático del bien con fines de lucro espurio o eterno”, señala uno de los escritos de Luis Cuz-Villalobos, en clara alusión al deseo de los autores de lograr que la poesía sea asequible a todos los públicos y lectores, dejando de ser un arte elitista.

A su vez, Víctor Ilich indicará que aspira a dejar la poesía de lado para escribir una novela, así hacerse rico y, de esta forma, poder financiar la publicación de un nuevo poemario: “quiero ganar dinero para publicar otros poemas”. Divertida ocurrencia que nos habla de la necesidad del escritor para con su arte y el profundo anhelo de que sus letras lleguen al mayor número de lectores posibles.

Es de esta forma, que juez y psicoterapeuta (las profesiones reales de ambos autores) se conjugan en un atrayente juego poético, digno de leer durante esta temporada de reflexión pandémica y de ansias constituyentes.

Sería interesante que alguien se atreviera a tomas estos textos y creara con ellos una puesta teatral o audiovisual, en la que se representasen los personajes de estos versos. Podría ser una posibilidad muy buena para que esta obra llegase a un público mayor, quienes también podrían disfrutar de las ocurrencias de Ilich y de la sapiencia de Cruz-Villalobos.