A propósito de ajedrez

La serie Gambito de dama ha disparado -era que no- el interés por el ajedrez. Y en el marco de la literatura, y aprovechando el verano y las eventuales vacaciones que pudiéramos tener, entregamos una recomendación: «La tabla de Flandes», del español Arturo Pérez-Reverte.

No tan conocida como su clásico «El Club Dumas», o la saga del capitán Alatriste, se trata de una novela de 1990, que mezcla de gran forma lo policial y lo histórico. Y por supuesto, el ajedrez.

Una restauradora debe trabajar en la pintura La partida de ajedrez, conocida también como La tabla de Flandes, una obra flamenca de hace 5 siglos y que muestra a dos hombres sentados a la mesa jugando mientras una mujer observa. Todo comienza cuando la restauradora encuentra una inscripción oculta, lo que desencadena la búsqueda de resolver el acertijo.

La inscripción es «¿Quién mató al caballero?», y tras múltiples conversaciones, se estima que se refiere a un problema precisamente de ajedrez, por lo cual la historia se entrelaza con el análisis de quién se comió el caballo blanco -pieza que falta- en la partida.

Pérez-Reverte le otorga al ajedrez el rango de protagonista. Muy interesante es que en la narración observamos un análisis ajedrecístico hacia atrás o retrospectivo -en busca de quien se comió el caballo blanco- para resolver los crímenes del pasado; mientras, asistimos también a una partida en el presente para descifrar los crímenes que van ocurriendo en el relato.

La cita -cada capítulo comienza con una- de Jorge Luis Borges es un muy buen resumen de la encrucijada que presenta esta novela de intriga, acertijo e historia. «Dios mueve al jugador, y éste la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?»