Narrativa de la disfuncionalidad familiar

«No éramos comunes por no decir que no éramos normales «, frase de Yuna que resume de muy buena forma esta novela de Aurora Venturini, peronista, amiga de Evita y quien a sus 85 años se dio el lujo de ganar el premio Nueva Novela organizado por el diario argentino Página/12, por esta desenfadada y durísima obra .

Un escenario de barrio de clase media Baja; un matriarcado que curiosamente carece de una madre protagonista, observa como 4 primas sufren, mueren, sobreviven, trabajan, y enfrentan una realidad que puede ser un infierno a veces y un campo de guerra la mayor parte del tiempo.

«Las primas es una historia de familia y de mujeres», dice en su prólogo la escritora Mariana Enríquez. Recuerda que Venturini decía que era una novela autobiográfica. Una familia sin hombres, una dureza sin asco, pero también un proceso emancipador en curso, a través de las bellas artes, que tiene su correlato en la escritura.

La autora decide expresar, concientemente, la dislalia de la protagonista, la del proceso de emancipación del cual hablamos, a través de su narración, que a ratos podría desesperar: sin puntos, sin comas y presa de una cierta confusión controlada, la cual te genera un desconcierto que te lleva a seguir leyendo, aunque duela, aunque moleste, aunque no sepas la barbaridad que las próximas hojas te pueden deparar.

La novela te hace esperar la presencia de seres deformes, del resultado de un incesto, de aquel ser que toda familia parece guardar bajo llave en un baúl de los recuerdos que queremos olvidar. Hay algo de José Donoso en aquella imagen.

La potencia del relato de Venturini está también en la propia disfuncionalidad de la familia que se va narrando. La debilidad de los personajes mezclada con su propia fuerza; sus deformidades combinadas con su salvaje humanidad; y el ascenso casi imposible de la protagonista en medio de una vida de barrio brutal y aplastante.

«Las primas» es también el trago amargo de lo oculto, en medio de un pueblo que a ratos tiene rasgos de Macondo, si no fuera porque su realismo mágico es la más realista puesta en escena que podemos tener de una familia de barrio. Disfuncional, trágica, incestuosa, con una dosis de perversidad mezclada con gotas de humor negro y sazonada con una narrativa que sorprende, a la vez que descoloca. Una mezcla de ingredientes explosiva de Aurora Venturini, gran opción para el verano.