Antígona y la desobediencia

El cuadro es Antígona frente a Polinices muerto, de Nikiforos Lytras, es de 1865, y lo traigo a colación porque a propósito del 8M es bueno recordar a uno de los personajes literarios femeninos más interesantes del mundo clásico griego, y que ya tiene casi 2.500 años de vida.

Analizar «Antígona», tragedia de Sófocles, es una tarea ardua, compleja e inacabada. Lo han hecho grandes de la literatura, la filosofía, la historia y el discurso literario.

En ese sentido hemos escuchado las más diversas tesis y ópticas desmenuzando conceptos como el amor a la familia, la oposición a la tiranía, la fidelidad y por supuesto, la oposición entre las leyes del ser humano y las de los dioses, así como la pugna entre ellas.

En esta tragedia se enfrentan dos posiciones respecto del deber: la familiar, y el respeto a las normas religiosas (Antígona); y la civil, o el cumplimiento de las leyes del Estado (Creonte). Este último, gobernante de Tebas tras la guerra entre dos hermanos por la corona a la cual ninguno de ellos sobrevivió, ha decidido que Eteocles -anterior rey, que no quiso ceder su trono a su hermano Polinices- sea honrado y que Polinices sea abandonado a la vergüenza pública. Es decir, el cuerpo del rebelde no será santificado con los ritos sagrados y quedará sin enterrar, cuestión que su hermana Antígona decide desafiar.

Y es en este desafío donde creo que existe otra interpretación que también se ha desarrollado y que cobra especial interés y riqueza: la desobediencia. Una Antígona que ha decidido desobedecer y cuya desobediencia la llevará a cumplir con su sino.

Antígona no solo representa el amor a los suyos o la fidelidad. Es una mujer que se rebela, hace dos milenios y medio, y de cuya desobediencia se desprende la capacidad de pensar y enfrentar los designios que creemos que están equivocados y que no podemos soportar cumplir sin defender nuestra opinión.

Antígona representa así desde la literatura, a una rebelde trágica, una heroína de la antigüedad, una mujer libre, cuyo re-estudio es particularmente atractivo para los tiempos que corren, cuando la desobediencia es cada vez más una virtud.