Una provocación para domingo de resurrección

«Cristo de nuevo crucificado», de Niko Kazantzakis, es una elección simbólica, precisa, y por supuesto, provocadora, para un domingo como este.

Situada en una aldea griega llamada Licovrisí, una breve mirada a modo de resumen nos muestra una localidad pequeña que se dispone, al igual que cada siete años, a representar en Semana Santa la Pasión de Cristo. El Consejo de Ancianos de la aldea es la que asigna los papeles, y elige al joven Manolios para encarnar al hijo de dios.

Pero en ese momento, los habitantes de una cercana villa, arrasada por el ejército otomano, debe buscar refugio en Licovrisí, lo que termina creando discusiones y divisiones entre los vecinos. Mientras unos -guiados por los notables- niegan asilo, los aldeanos más modestos, aquellos como Manolios, el «escogido» para representar a Cristo, acuden en ayuda de los perseguidos, un acto caritativo que por supuesto generará repercusiones en la vida del pueblo. La revolución cundirá en la villa y de comenzar dando de comer a los necesitados, pasaremos a la quema de propiedades de los avaros, para terminar repartiendo las sobras entre los pobres.

Un muy buen artículo del Diario El País, en 2018, titulado «El Jesucristo revolucionario de Kazantzakis», inicia relatando las vivencias del autor en su niñez, de matanzas realizadas por vecinos turcos a cristianos, en pleno pulso greco-cristiano contra el Imperio otomano

¿Qué es, este escrito de Kazantzakis? para algunos, una muestra de lo que ocurre al adscribir o tratar de hacerlo, con los valores del cristianismo; para otros una verdadera sátira, brutal, del egoísmo humano; o la hipocresía de las instituciones religiosas y civiles implementadas a fondo.

Sí, ok, es importante mencionar que en su época a Kazantzakis se le acusó poco menos que de leninista. Pues se destacaba que la novela polarizaba, planteando que la bondad era cualidad de pobres y desposeídos, mientras los potentados y terratenientes representaban el vicio. Todo, ambientado en un villorrio griego 5 años después de la Revolución Rusa.

La pregunta -de una obviedad absoluta- es lo que ocurriría en el caso de que Cristo volviera a visitarnos. La pregunta es fundamental por la triste y violenta vigencia respecto del tema de los refugiados, sus necesidades y el enfrentamiento con los propios miedos de quienes ven al extranjero como un «otro» diferente, con el cual debemos tener cuidado. Pero no solo eso. A través de una alegoría simbólica de la Pasión, comulgamos en la búsqueda de las raíces primitivas de aquel movimiento religioso que cambió el mundo hace 2 mil años. Y el mayor problema, la peor tristeza y la principal incertidumbre de esa exploración, personal o colectiva, es cuando concluimos que quizás el final se repetiría.

Y Cristo sería, de nuevo, crucificado.