La Trilogía de Nueva York, de Paul Auster

Por Héctor Cabaña Gajardo, Periodista PUC y Magíster en Guión Cinematográfico UFT

«La historia no está en las palabras; está en la lucha”

(La Habitación Cerrada, Paul Auster)

Compuesta por tres novelas cortas (La Ciudad de Cristal; Fantasmas; y La Habitación Cerrada), esta obra escrita por Paul Auster se ha transformado a estas alturas en un clásico que viene a dar una vuelta de tuerca posmodernista al relato policial. En cada una de las historias, el tradicional incidente o enigma a investigar deviene en un complejo análisis respecto de la búsqueda de la verdad en un mundo caótico regido por la casualidad, donde el papel del creador ha desaparecido en un juego de identidades que carece de sentido, aunque nos parezca todo lo contrario: que somos incapaces de asir esa causa final que viene a explicarlo todo.

La pluma de Paul Auster es hipnótica. Por lo mismo, no nos damos cuenta cómo va jugando con la percepción del lector y nos conduce por un laberinto donde los límites entre escritor, narrador y personajes se trastocan, se confunden y se superponen. De manera tal que junto a él vamos entendiendo y analizando el rol de la literatura para este mundo moderno de ciudades con rascacielos enormes y calles interminables.

Para ello, también usa otra de los rasgos distintivos del policial: la obsesión del detective por encontrar “la verdad”. Porque sus protagonistas no solo buscan resolver el crimen del momento, sino que se cuestionan el sentido último de las acciones criminales-detectivescas y literarias, llevando este cuestionamiento hasta el ámbito metafísico y filosófico. Es que los mejores policiales tratan de ello; buscan resolver el enigma del sentido último de la existencia. Y en este punto, Paul Auster nos dice que esta obsesión terminará siendo nuestra propia destrucción, no nos conducirá a nada, sino que nos desvanecerá como los fantasmas del segundo relato de esta trilogía.

Para lograr sostener este punto, Paul Auster se vale de variados recursos literarios que se han transformado en la clave de toda su obra: el detective devendrá en objeto de investigación, el autor de la obra será un personaje más del relato, el enigma nos abrirá nuevas preguntas y más dudas, la metaliteratura estará rondando no sólo los nombres de caracteres, sino también escenas y reflexiones dentro de la obra misma. Esto que puede parecer un poco oscuro y hasta aburrido, viene a ser todo lo contrario, ya que hace que su obra no solo sea provocadora, sino muy entretenida.

La Trilogía de Nueva York es más que una relectura posmoderna que reinventa el género policiaco. Es un juego de investigador y enigma, donde el investigador escribe sobre el misterio que implica ser uno mismo. Y donde el acertijo es la propia obra del investigador. O algo así. Supongo.

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