Jenaro Prieto y la retórica del desacuerdo

Jenaro Prieto es conocido por ser el autor de “El socio”, genial novela chilena que muestra de qué forma Julián Pardo va construyendo un socio imaginario con el objetivo de usarlo como excusa para las propuestas de negocios que le presenta un ex compañero de colegio.

Sin embargo, la obra de este abogado y periodista chileno va mucho más allá de esta novela, desarrollando una verdadera reflexión sobre la sociedad de su época, que abarca la primera mitad del siglo XX. Prieto, antes y después de El Socio, fue un cronista permanente de El Diario Ilustrado, en cuyo periódico fue testigo de la nueva urbanidad que se expandía por Santiago.

La Pollera Ediciones publicó este año “La melancolía de los contribuyentes: crónicas de ciudadanos y oficina”, texto con más de 50 crónicas del escritor chileno y publicadas en el diario conservador entre 1913 y 1946. La edición es de Claudia Darrigrandi, y lo primero que se agradece es que no haya un “blanqueo” de Prieto. El libro es un reflejo fiel de su época y de su mirada respecto de ella: aquí no hay apoyo ni al feminismo ni al divorcio, y en cambio hay una mirada crítica, irónica, sobre un tiempo en que la capital crecía y se transformaba.

Prieto encarna una acidez atractiva para “pintar” su época, como cuando en su artículo “Prolongación de vida” (1925) manifiesta que “La vida está insoportable. Hace dos meses que el Gobierno no hace ningún disparate de consideración”. También se aprecia un fuerte matiz conservador, que lo lleva a preocuparse frente a los “adelantos” y cambios que está sufriendo la ciudad. Mención aparte son sus crónicas referidas a la ficticia Tontilandia, cuya capital es Cretinópolis, la parodia de Prieto para la sociedad chilena, en donde proyecta sus críticas y errores como nación.

Obviamente también se aprecian miradas que poco cambian, a más de un siglo, como cuando el escritor menciona en su crónica “Oficinas que evolucionan” (1916) que “no se necesita ser poeta ni naturalista, para ver que el tiempo de la aprobación del presupuesto es para las oficinas públicas lo que la primavera para el campo”.

Su mirada hacia un Estado en expansión, uno de cuyos reflejos es el empleado público, será central en su narrativa. En ese sentido, Jenaro Prieto fue el cronista de un cambio de época: el fin de parlamentarismo y el auge y desarrollo de un nuevo tiempo, con nuevos grupos sociales como la clase media. Claudia Darrigrandi da en el blanco cuando plantea que “en sus crónicas se manifiesta una retórica del desacuerdo, de la oposición”. No sabemos lo que apoya, lo que quiere, pero no nos deja dudas sobre lo que le incomoda, le molesta o quiere criticar.

“La melancolía de los contribuyentes: crónicas de ciudadanos y oficina” es el enfrentamiento de una sociedad vieja y conservadora que observa cómo pierde su protagonismo mientras entran en acción nuevos actores, habitantes rutinarios de un nuevo escenario como la oficina, y que van constituyendo, en una segunda derivada, algo aún más importante: la institucionalidad que perdura, la ciudanía que toma conciencia de su existencia.