La génesis de Holmes y Watson

Mi hija tuvo prueba esta semana de «Estudio en Escarlata», de Arthur Conan Doyle. Y más allá de la nota, que por cierto aún no conoce, celebro que le gustó y que pudimos conversar de esta gran novela. Primer punto a favor -ojalá le hayan preguntado- le consulté cuál era el tema de fondo y me contestó bien. La venganza, me dijo.

Efectivamente, «Estudio en Escarlata» tiene en su corazón narrativo la venganza por amor. Pero el mundo literario probablemente lo sigue recordando como el escrito en donde comienza aquella pareja universal de la literatura de misterio, que son Sherlock Holmes y John Watson.

En esta novela de 1887, encontramos el qué, quién, cómo, dónde y cuándo de Holmes y Watson. Una pareja de desconocidos, un detective y un médico, se conocen con el objetivo de compartir un alquiler, en la calle Baker 221B, Londres, década de 1880.

Es el punto de partida del universo de esta pareja de detectives, que se extenderá a 4 novelas y más de 50 relatos, además de innumerables series, dibujos animados y películas desde el año 1900 (Sherlock Holmes Baffled, 30 segundos, cine mudo), hasta Enola Holmes (en donde parece un Sherlock secundario, pero Sherlock a fin de cuentas).

Pero volviendo a la novela, esta transcurre en dos partes, casi absolutamente independientes, salvo porque la segunda desenreda la madeja de la primera -lo que no es menor-, dándole sentido y razón al actuar de Jefferson Hope, importante personaje dentro de la trama. Creo que acá se encuentran dos novelas más que dos partes. De hecho, la segunda podría ser leída sin la primera, aunque nos privaría de conocer el cómo, dónde, qué, quién y cuándo de nuestros dos héroes y ciertos detalles del crimen.

Porque claro, hay un crimen. En la novela inicial, Holmes y Watson concurren a su escena, con sangre en la habitación, aunque sin heridas en el cuerpo de la víctima. Mientras, en la pared, luce escrita con sangre la palabra «Rache», lo cual hace que la policía sospeche de la presencia de una Rachel en toda la historia, cuya escritura el asesino habría dejado a medio terminar.

Pero entra Sherlock en acción, auscultando cada rincón del cuarto, para afirmar que el asesinato fue por envenenamiento y describiendo concienzudamente diversas características del supuesto asesino. No se retira antes de comentar, -sarcásticamente- a los detectives de Scotland Yard, que Rache significa «castigo» en alemán. Quedemos hasta ahí en nuestra primera parte/novela.

En la segunda, asistimos a una historia de amor y muerte, cuyo escenario de fondo es el relato de los orígenes de la Iglesia mormona. Un escrito que causó no pocos problemas a Conan Doyle con la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones) y que en su momento incluso llegó a ser retirado de listado de lecturas por quejas de seguidores de esta religión.

Tras el detective Dupin, de Edgar Allan Poe, llegamos al Holmes de Conan Doyle, ambos fieles e iniciales expositores del detective de misterio o de enigma, que a través del método y genio deductivo busca solucionar, desenredar, desmadejar, un acertijo para resolver un crimen o delito, cual problema matemático. Holmes representa el detective del racionalismo, acompañado de un inseparable escudero: Watson, quien representa la lealtad de un Sancho Panza, aunque con un Quijote mucho más racional y práctico, cuyo viaje comienza aquí, en «Estudio en Escarlata».