Mark Twain ensayista, Mark Twain actual

“Nuestra Biblia nos revela el carácter de nuestro Dios con exactitud minuciosa y cruel. Se trata claramente del retrato de un hombre -si es que un hombre tan cargado y sobrecargado de impulsos, cuya maldad va más allá de todo lo humano es imaginable en un personaje ahora que Nerón y Calígula están muertos- con quien quizá nadie desearía alternar. En el Antiguo Testamento sus actos revelan una y otra vez su naturaleza rencorosa, injusta, avarienta, despiadada y vengativa”.

Este párrafo pertenece a Mark Twain. Sí, quien nos narró las aventuras de Tom Sawyer y de Huckleberry Finn. Es del libro “Oración de la Guerra”, publicado en 2021 por Alquimia Ediciones. Twain fue conocido por sus personajes literarios mencionados, por El Príncipe y el Mendigo, por Un yanqui en la corte del rey Arturo y también por sus escritos humorísticos. Sin embargo, en este texto se revela la faceta ensayística de Samuel Clemens -su nombre real- y se reúnen escritos políticos y de fuerte crítica social.

Mark Twain es un escritor fundamental en la historia de Estados Unidos. A tal nivel, que como muy bien recuerda un epígrafe de este texto, William Faulkner planteaba que “Toda la literatura norteamericana viene de los bolsillos del chaleco blanco de Mark Twain”. Este texto contiene escritos de una época de extrema tensión para su país. De surgimiento y auge del movimiento obrero, tiempos de imperialismo, y época de racismo galopante en ciudades y campos.

El Twain de este libro es un Twain provocador. Probablemente decepcionado, claramente radicalizado. “´Un muchacho bien vestido, camino a la escuela dominical, fue arrestado y encarcelado por haber apedreado a un chino´. ¡Qué comentario sobre la justicia humana!”, dice en uno de sus escritos, exponiendo la xenofobia imperante no solo en los medios de comunicación, sino en la cultura norteamericana.

Se trata de piezas escritas en la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX, cuyo mejor reflejo, el más fiel, es el cuestionamiento de Twain al imperialismo, la esclavitud y la guerra, así como su apoyo al movimiento obrero y a los derechos de las mujeres. “Por veinticinco años he sido un hombre a favor de los derechos de la mujer”, dice Twain, en 1901.

 Lo que encierra Twain en este libro es su aguda, mordaz y feroz crítica a todo dogmatismo de su época. Pero no es solo un buen documento histórico de la faceta ensayística de un escritor mundialmente famoso. Lo que resulta más complejo es que esta crítica posee una actualidad inquietante. Lo suficiente como para leer qué es lo que no ha cambiado en el mundo y qué es lo que sí debería haberlo hecho.